JaimeGUERRERO
La comparecencia de la Secretaria del Trabajo de Oaxaca, Édith Santibáñez, ante el Congreso del Estado, dejó más preguntas que respuestas tras su agresiva y arrogante reacción ante cuestionamientos de la prensa sobre su continuidad en el cargo.
La funcionaria fue acusada recientemente por maltrato laboral, la señalan de humillaciones, además de que les arrebata “bonos”, situación que han pedido al gobernador Salomón Jara revisar.
La funcionaria, quien compareció como parte de la evaluación del segundo trienio del gobierno de Salomón Jara Cruz, mostró una actitud visiblemente irritada cuando reporteros le preguntaron si forma parte del grupo de funcionarios que tendría que renunciar como parte de los ajustes anunciados al gabinete estatal.
“Al compañero (reportero) quien le debe responder. La pregunta es a mi querido gobernador”, espetó Santibáñez a un reportero, acusándolo de haberle planteado la misma pregunta en dos ocasiones.
La respuesta evasiva y el tono utilizado exhibió una postura arrogante ante legítimos cuestionamientos sobre su desempeño y permanencia.
Durante la entrevista colectiva realizada en la antesala del recinto legislativo, la titular de la Secretaría del Trabajo, defendió su gestión afirmando que “los hechos de trabajo están demostrados” y que “donde se pare defiende los derechos de los trabajadores”.
Sin embargo, dirigió un desafiante mensaje al reportero: “Que publique lo que se tiene que publicar”.
Denuncia amenazas sin presentar pruebas
En un giro inesperado, Santibáñez se declaró víctima de amenazas, asegurando que previo a su comparecencia le advirtieron que la iban a “levantar” para impedirle informar al pueblo de Oaxaca.
La funcionaria atribuyó estas supuestas intimidaciones a un pequeño grupo de “dolidos” por la ratificación de Salomón Jara Cruz en el cargo de gobernador, sin ofrecer detalles, nombres o evidencias que sustenten sus acusaciones.
Édith Santibáñez llegó a la titularidad de la Secretaría del Trabajo como cuota del Partido del Trabajo a la administración de Jara Cruz, sin embargo, traicionó al líder del PT, Benjamín, Robles Montoya, y se inclinó a la Administracion jarista por intereses personales.
La estrategia fue de victimización ante preguntas incómodas sobre su gestión y los cuestionamientos sobre su permanencia en el gabinete estatal.






