La elección del Papa León XIV, el cardenal Robert Prevost, el pasado 8 de mayo, representa una continuidad con el legado reformista de su predecesor, Francisco, pero con un enfoque más cauteloso en cuestiones doctrinales.
Por ejemplo, se opone a la eutanasia y al aborto, apegándose a los principios tradicionales de la Iglesia en estos temas.
Asimismo, ha guardado silencio sobre el celibato obligatorio para los sacerdotes y se ha opuesto a la ordenación de las mujeres, argumentando que “clericalizarlas” no necesariamente soluciona un problema.
Aunque hace tiempo mantenía una postura cerrada hacia la diversidad sexual, recientemente ha dicho que la bendición de las parejas del mismo sexo depende de los contextos concretos de cada región del mundo.
Sin embargo, ha mostrado apertura ante la justicia social. De hecho, en su primer discurso como pontífice, subrayó la necesidad de promover la paz y la inclusión.
Además, el haber tomado el nombre de León XIV evoca el legado de León XIII, quien se caracterizó por la defensa de los derechos de los trabajadores y la libertad religiosa.
Prevost también se pronunció a favor de que todas las personas bautizadas pudieran discutir cuestiones doctrinales de la Iglesia, algo que los sectores conservadores consideran un asunto reservado para la jerarquía eclesiástica. Esto habla de su visión horizontal de la iglesia.
Paralelamente, ha expresado su preocupación por el cambio climático y ha llamado a tomar acciones para detenerlo.
Simultáneamente, ha defendido a las víctimas de abusos, desafiando al Sodalicio en Perú, un poderoso grupo eclesiástico ultraconservador que fue acusado de corrupción y abusos de menores.
Mientras que organizaciones como Infancia Robada confían en que continuará con una política de tolerancia cero hacia abusadores clericales, otras como la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés) han cuestionado su gestión en casos de abusos sexuales por parte de curas.