➡️ Con 169 casos activos de Gusano Barrenador del Ganado, el distrito de Tuxtepec encabeza una lista que debería avergonzar a las autoridades sanitarias y encender todas las alarmas productivas
➡️ El gusano barrenador no surge de la nada. Avanza donde no hay inspección suficiente.
Eugenio GONZÁLEZ | El Piñero
Cuenca del Papaloapan. — El inicio de 2026 no trajo buenas noticias para el campo oaxaqueño.
Con 169 casos activos de Gusano Barrenador del Ganado, Oaxaca encabeza una lista que debería avergonzar a las autoridades sanitarias y encender todas las alarmas productivas.
Y en ese mapa de omisiones, San Juan Bautista Tuxtepec aparece como el municipio más golpeado, convertido hoy en el epicentro de una crisis que amenaza la economía rural, la sanidad animal y la confianza de los productores.
Tuxtepec no es cualquier punto del mapa, es el corazón ganadero de la Cuenca del Papaloapan, zona estratégica por su movilidad pecuaria y su conexión con Veracruz. Que justo ahí se concentren los casos revela fallas estructurales, controles laxos, vigilancia reactiva y una respuesta institucional que llega tarde, cuando el daño ya camina, se reproduce y se propaga.
El gusano barrenador no surge de la nada. Avanza donde no hay inspección suficiente, donde los programas sanitarios son intermitentes, donde la prevención se subordina al discurso. Hoy se habla de “vigilancia” en la Cuenca, el Istmo, la Mixteca y la Costa; pero el problema ya está dentro, instalado, y Tuxtepec es prueba viva de ello.
El costo no es solo veterinario, es económico y social. Cada caso significa pérdidas directas para pequeños y medianos ganaderos, riesgo de expansión regional y un golpe a la reputación sanitaria del estado. ¿Quién responde por el productor que ve mermado su hato mientras la burocracia contabiliza números?
Tuxtepec no necesita diagnósticos tardíos ni boletines. Necesita acciones inmediatas, cercos sanitarios reales, tratamiento gratuito y oportuno, y una estrategia transparente que involucre a productores, municipios y autoridades estatales. Porque cuando una plaga avanza, el silencio institucional también cuenta… y siempre cobra factura.






