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El Seguro Popular, proyecto diseñado por el Banco Mundial enriqueció a Vicente Fox, sus hijastros, y gobernadores de cinco estados.

Staff El Piñero

Fox pidió 60 mil millones de pesos para la salud de los mexicanos, pero el dinero se repartió entre políticos y empresarios.

Redacción El Piñero

Fue Vicente Fox Quezada, presidente de México en 2000 a 2006, su mujer Martha Sahagún y sus hijastros Manuel y Jorge Bribiesca, coludido con gobernadores de estados como el de Veracruz y Puebla -entre otros-, quien usó el dinero de la salud como “caja chica” para crear empresas de construcción hospitalaria.

El negocio de la salud a través del Seguro Popular, tuvo gran éxito en manos del empresario que llegó a la máxima representación pública, pues supo usar de manera estructurada, 60 mil millones de pesos prestados por el Banco Mundial para atender este rubro.  

Como candidato a presidente de México, Vicente Fox prometió el cambio, pero como buen empresario llegado al poder político, supo usar el dinero de la salud en “la caja chica” de los gobernadores a través de constructoras fantasmas.

Fue la puerta de entrada para la corrupción más descarada.

Y esa malversación de recursos públicos, costó la vida a miles de personas, y nadie pagó por ello.

El Seguro Popular no nació para fortalecer hospitales, nació para debilitar al Estado. Fue diseñado por el Banco Mundial para convertir el derecho a la salud en un seguro básico, limitado, sin infraestructura propia.

En 2004, el primer año del Seguro Popular, Vicente Fox dispuso de 12 mil millones de pesos, en 2005, 21 mil millones de pesos y en 2006 de 27 mil millones de pesos. Un crecimiento del 122 por ciento en dos años, y ¿dónde están los hospitales que corresponden a ese dinero? No existen.

El Seguro Popular tenía un truco llamado “causes”, un catálogo que pagaba dinero a los estados por cada consulta, vacuna, parto, cirugía o tratamiento reportado, y ¿qué hicieron los gobernadores?  Inflaron las cifras. La Auditoria Superior de la Federación (ASF) encontró estados que reportaban hasta 40 por ciento más de atenciones de las que realmente otorgaban, ¿para qué? Para cobrar más.

Algunos estados con irregularidades multimillonarias, entre 2004 y 2006, son:

Veracruz, con 1,284 millones.

Tabasco con 878 millones.

Chihuahua con 611 millones.

Coahuila con 503 millones.

Tamaulipas con 435 millones.

Ese dinero debía llegar a hospitales y terminaron en bolsillos privados.

La ASF documentó más de 80 obras hospitalarias, inconclusas como clínicas abandonadas, hospitales sin equipamiento, ampliaciones nunca terminadas, y unidades médicas que se quedaron en puro block y varilla.

Lo más grave, muchas de esas obras fueron financiadas con dinero del Seguro Popular. Eso significa que el dinero sí salió, pero la obra jamás se entregó.

Este es uno de los capítulos más vergonzosos del Foxismo porque la corrupción no sólo se quedó en los estados, llegó a la familia presidencial.

Los hijos de Martha Sahagún, Manuel y Jorge Bribiesca fueron investigados por tráfico de influencias: Contratos inflados, obras hospitalarias irregulares, clínicas inconclusas, y adjudicaciones directas desde dependencias federales y estales. Entre las empresas involucradas están construcciones prácticas, sociedad anónima de capital variable, y Grupo Inmobiliario del Centro.

Los montos investigados son más de 2,500 millones de pesos.

La Comisión Investigadora documentó hospitales abandonados en Guanajuato, Oaxaca y Estado de México. Obras pagadas, pero no construidas.

Se investigó, sí, pero nadie fue castigado. Ni un solo peso regresó al erario.

En tiempos de Fox, las grandes distribuidoras privadas que crecieron como nunca, son:

NADRO, PISA, INTERMED, DIMESA, ¿por qué? Porque el Seguro Popular no tenía red propia de abasto. Dependía totalmente de privados. El crecimiento promedio de esas empresas, superó del 12 al 20 por ciento anual en contratos estatales.

Aquí se sembró la semilla del monopolio que después dominaría al país.

En el sexenio de Fox, la infraestructura nacional no creció al ritmo necesario. Los hospitales y médicos no aumentaron. El sistema se volvió más dependiente de los privados, y los estados se hundieron en corrupción sin vigilancia, mientras tanto el presupuesto del Seguro Popular se multiplicaba.

Eso tuvo consecuencias directas. Aumento de muertes maternas, parto sin atención médica, tratamientos que nunca fueron entregados a los pacientes, desabasto en zonas rurales e incremento de muertes maternas.

La salud se volvió negocio, y la población pagó el precio.

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