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Son niños, niñas y adolescentes que bailan al son de la colectividad, de la familia, de la cultura, de las tradiciones y del fandango. Son mas de setenta e integran un proyecto, una hermandad: Un colectivo que se llama Casa Sotaventina. Oaxaqueños y a la vez jarochos; al ritmo de las jaranas y de las tarimas rescatan la cultura del sotavento. Una cultura que les enseña el valor de la familia, de la responsabilidad y de la colectividad.

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Documental

ByCHOSA, un reino hulero a costa de sus necesitados socios

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Por: Roberto POLO

Tuxtepec, Oaxaca.- A ras de campo, con una cuchilla en mano y suplicando a la suerte una buena temporada, campesinos huleros sudan la angustiante necesidad de trabajar día y noche para obtener unos pesos, el sustento diario que amortigüe su vida.

Ellos, quienes padecen agudo abandono, tienen que sortear sus labores frente a un salvaje territorio y ante el asedio de un “coyotaje” voraz, ávido de hule que se huela fresco y barato.

A pesar de ser socios de la empresa hulera más importante del estado, la Beneficiadora y Comercializadora de Hule de Oaxaca, están abandonados, relegados y oprimidos, pues desde hace varios años, no han visto la luz de su asistencia.

Actualmente, la Beneficiadora y Comercializadora de Hule de Oaxaca (ByCHOSA) es integrada por alrededor de 1 mil 400 socios, de los cuales, la gran mayoría, se ha mantenido ajena al progreso, mostrando su evidente carencia al obligarse a negociar con los “coyotes”.

Y es que la misión ByCHOSA es regular el precio del hule, sin embargo, su estrategia ha fallado a tal grado que los “coyotes” han ganado terreno al ofertar un mejor precio. Hoy en día, la empresa hulera compra el kilo de hule a diez pesos con cincuenta centavos, mientras que los “coyotes” lo pagan a doce pesos.

Para el representante de productores huleros de Piedra Quemada, municipio de Tuxtepec, la situación que hoy priva en Bychosa no es distante a lo que se precisa.

Pese a ser una empresa netamente rentable, la de mayor captación de hule en toda la entidad, su dirigencia no ha sido capaz, si quiera, de dotar de material de primera necesidad para el escaño más bajo de la industria, los picadores, aquellos que palpan el agrio terreno del abandono.

Los pequeños productores han tenido que sujetarse completamente al “coyotaje” en virtud de que Bychosa les negó la posibilidad de comprar su hule, esto pese a ser socios.

Esta misma situación se repite en Jacatepec, en donde socios de Bychosa y de añeja participación han quedado a la deriva, atados a la industria del coyotaje porque su empresa les dio la espalda.

En el 2017, el Gobierno del Estado situó a Oaxaca y a Tuxtepec como el tercer productor nacional de hule cuya calidad, reportó, es comparada a la que exporta Malasia, el número uno a nivel mundial.

Pero de nada sirve que Tuxtepec sea potencia nacional hulera, cuando existen desenfrenos en la única empresa cuya función es proteger a sus socios, a la producción regional. Pues a la luz pública se ha exhibido como la familia del actual dirigente hulero Pablo Flores Sarmiento dilapida, presuntamente, en fiestas en los campos huleros al son de whiskies, camionetones y bandas de música, exhibiendo el poder y los lujos de un presunto saqueo a la empresa hulera más importante de Tuxtepec. Mientras que la clase más desprotegida, más angustiada, no es beneficiada ni siquiera con los más elemental, una cuchilla para rayar los árboles de hule y obtener el “oro blanco” que en el mercado cuesta 250 pesos, una tercera parte de lo que vale una botella de bucanas con las que festejan y derrochan los huleros potentados de la dirigencia en el poder.

En ese tenor, Miguel Ángel Márquez Moreno, productor hulero y agente de policía de Santa Sofía, Jacatepec, acusó a la directiva de Bychosa y principalmente a Pablo Flores Sarmiento de enriquecerse y hacer a un lado a los socios. Incluso, refiere, se dedicó a bajar el precio de compra del hule de Bychosa para que él, a través de terceras personas, compren como “coyotes” el hule.

Aunque se intentó entrevistar a la directiva de Bychosa, sus puertas, a lo largo día, se mantuvieron cerradas. Pocas personas tienen acceso  y al interior solo se observan unas instalaciones desaseadas, desérticas, no dignas para una empresa reconocida como potencia hulera a nivel nacional.

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