Redacción El Piñero | Corresponsalía
En medio de cuestionamientos por el rumbo administrativo de su gobierno, el gobernador Salomón Jara Cruz enfrenta críticas políticas no solo por resultados de gestión, sino por las alianzas que —según versiones recurrentes en círculos políticos locales— se estarían tejiendo alrededor de su administración.
Uno de los nombres que vuelve a escena es el del ex senador priista Eviel Pérez Magaña, ex funcionario durante el gobierno de Ulises Ruiz y ex secretario de Desarrollo Social en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Aunque no ocupa actualmente un cargo público en la administración estatal, su presunta cercanía con figuras del gabinete y su presencia constante en reuniones políticas ha generado especulación sobre una posible influencia tras bambalinas.
En los pasillos del poder estatal se comenta que personajes ligados al antiguo régimen rapaz han comenzado a reaparecer en la vida pública local, algunos como asesores informales y otros en posiciones administrativas. La situación ha abierto un debate incómodo para el proyecto político que llevó a Morena al poder en Oaxaca bajo la narrativa de ruptura con las prácticas del pasado.
Analistas locales señalan que, ante la complejidad administrativa y política que enfrenta el gobierno estatal, se habría optado por recurrir a operadores con experiencia en la estructura gubernamental tradicional. El fenómeno no es nuevo en la política mexicana: administraciones de distintos signos han terminado incorporando cuadros de anteriores gobiernos para estabilizar su operación interna.
Sin embargo, la eventual cercanía con perfiles asociados al priismo histórico representa un costo político para el discurso de la llamada “Primavera Oaxaqueña”, que prometía un cambio profundo en la forma de gobernar. Para sectores críticos, la presencia de actores del pasado contradice la narrativa de transformación; para otros, se trata de pragmatismo político ante la falta de cuadros técnicos suficientes.
Hasta ahora, el gobierno estatal no ha confirmado formalmente que Pérez Magaña tenga participación dentro de la administración ni en tareas de asesoría. Tampoco existe un nombramiento oficial. No obstante, las versiones sobre la influencia de este poderoso ‘magnate’ continúan alimentando el debate público sobre si el cambio prometido implica renovación real de prácticas o únicamente un relevo de siglas.
Más allá de nombres y trayectorias, el fondo del tema coloca a la administración de Jara ante una disyuntiva política: mantener la pureza discursiva del proyecto o privilegiar la gobernabilidad mediante acuerdos con actores experimentados, incluso aquellos provenientes del sistema que se prometió sustituir.






