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Escenarios: Lección de Gina Domínguez

El Piñero

 

Luis Velázquez

14 de noviembre de 2017

 

Uno. Una lección de vida

 

La historia de María Georgina Domínguez Colio es una lección de vida, Nadie como ella pasó de la gloria al infierno. Y si como dice Albert Camus que “el mal no es una condición normal en una persona”, entonces, algo pasó en su camino. Y más cuando luego del resplandor ahora duerme en el penal de Pacho Viejo.

De los once duartistas presos, ella es la única mujer privada de su libertad (22 de mayo, 2017). Dominga Xóchilt Tress, ex directora de Espacios Educativos, unas horas detenida en “El Penalito”, la libró. Astrid Mansur, la ex directora del DIF, está amparada. Y el gobernador ha jurado que irá por Karime Macías, solicitante de asilo político en la Gran Bretaña, donde vive en una de las ciudades más caras del mundo como es Londres.

Por alguna razón, Gina salió mal con Mario Villanueva, ex el gobernador de Quintana Roo, preso por ligas con los malandros, y de quien fue vocera.

También salió mal con Fidel Herrera Beltrán y su esposa, Rosa Margarita Borunda.

A la mitad del camino, Javier Duarte la sustituyó por Alberto Silva Ramos, y entonces caminó por otros lados, como la presidencia de la fundación Luis Donaldo Colosio.

Le llamaban “la vicegobernadora”. Ahora está presa.

 

Dos. Ambición y codicia

 

Ella tuvo un sueño y lo alcanzó. Primero, del sueldo de un reportero (unos 7, 8 mil pesos mensuales cuando mejor va) a salario fabuloso en la dirección de Comunicación Social.

Y presupuesto… para ejercer.

Luego alcanzó el poder.

Después soñó con tocar con la yema de los dedos la plenitud y hasta la miraron como secretaria General de Gobierno.

Y quiso más y más.

La ambición y la codicia.

Tal cual, sometió a la mayoría de los magnates periodísticos, columnistas y reporteros. Le tenían pavor de exponerse con un agravio mediático a que les suspendiera el convenio mensual.

Cayó desde una gran altura y cayó a un pozo sin fondo, a tal grado que ahora se inculpa con Alberto Silva Ramos, “El cisne” trepado en el fuero, del desvío de más de dos mil millones de pesos.

Y más, si se considera que en su casi sexenio, Javier Duarte invirtió ocho mil millones de pesos (datos del góber azul) para crearse y recrearse una imagen pública honrosa y terminar, oh paradoja, en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México.

Incluso, llegó a la locura, como cuando amenazó al magistrado del Tribunal Superior de Justicia, Edel Álvarez Peña, porque liberó por falta de pruebas a “El Silva”, el presunto asesino de la corresponsal de Proceso, Regina Martínez, y que enfureciera tanto al ex góber tuitero.

 

Tres. El poder nunca es para siempre

 

Gina inició en el sexenio de Fidel Herrera, Rosa Borunda en el DIF.

Pero la plenitud fue cuando Duarte fue lanzado como candidato a diputado federal por el distrito de Córdoba y Gina, quien enfrenta ahora un proceso penal, fue la vocera.

A su lado estaban como operadores Arturo Bermúdez Zurita, el ex secretario de Seguridad Pública preso en Pacho Viejo.

Y el doctor Ramón Ferrari Pardiño, el ex secretario de Desarrollo Agropecuario prófugo de la justicia.

Igual que los duartistas sintió, creyó, estaba segura de que el poder político sería para siempre y ninguno de ellos creyó que el hartazgo ciudadano se volcaría en contra del candidato priista a la gubernatura ya favor de Cuitláhuac García (MORENA) y Miguel Ángel Yunes Linares (PAN y PRD).

El penal de Pacho Viejo, un salto hacia atrás en su vida, al grado de que le han rechazado varios amparos.

El único antecedente de un vocero preso fue en el sexenio de Miguel Alemán Velasco con Salvador Huesca y que él mismo gobernador en funciones encarcelara.

 

Cuatro. La política fue la gran tentación

 

El proceso penal sigue. Se ignora el desenlace y que dependerá de sus abogados y, quizá, de la voluntad política del góber azul.

De nada sirvió tanto poder si ahora está privada de su libertad y como dice un penalista, la cárcel siempre marca así estés un día, un semestre, un año o varios años.

Ella fue dura, excesivamente dura en el ejercicio del poder que siempre es y será efímero y circunstancial, pero ni hablar, naturaleza humana al fin, hay quienes pierden la noción de la realidad.

Desde el Reclusorio Norte y con su huelguita de hambre de 17 días, Javier Duarte levantó la mano diciendo que existía en Veracruz “una cacería de brujas” y “una persecución política” en contra de él, de su familia y de los suyos.

Puro reality-show, si se considera, por ejemplo, que la Auditoría Superior de la Federación ha interpuesto 55 denuncias penales en su contra en la Procuraduría General de la República, acusado del desvío de 41 mil millones de pesos federales.

Y en la lista negra, el manejo de la política de comunicación social.

Gina fue (y es) luchona. De sus orígenes modestos se levantó, pero escuchó el canto de las sirenas camino a Itaca. Reportera, alcanzó etapas superiores en el diarismo. Y la política fue la gran tentación.

Y ahora un caso más para las candilejas en el primer informe del llamado “gobierno del cambio”, aun cuando ya se verá si la historia de los once duartistas presos sirve para sanear y purificar la vida pública en un país campeón de la corrupción en el mundo.

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