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Expediente 2017: Masacre electoral

El Piñero

Luis Velázquez

La sentencia bíblica acuñada por Reynaldo Escobar Pérez (“¡Paren esta masacre!”) se ha cumplido de nuevo en Veracruz.

La masacre dominical fue categórica: el PRI sólo quedó con 36 presidencias municipales y que, bueno, significó una derrota anunciada.

Pero la masacre se recrudeció en contra de MORENA que tantas y tantas expectativas levantó. El chamán miraba unas 80 alcaldías para “El peje”. Sólo alcanzó 17, entre ellas, claro, tres estrellas de la corona con Xalapa, Coatzacoalcos y Poza Rica.

Igual, en todo caso, que el PANAL de la profe Elba Esther Gordillo que ganó 18.

Igual, incluso, si se unen las alcaldías del Movimiento Ciudadano (8), el PES (5) y el PT (5).

Mejor, mucho mejor le fue al PAN. De unas 80 alcaldías que los priistas contemplaban llegó a 113.

Más significativa porque ahora tienen 49 y se dispararon a casi el doble.

Y en contraparte, peor, mucho peor le fue al tricolor. De 80 que tiene hoy… a 36.

Peor aún si se considera que el PRI perdió las presidencias municipales más importantes por su volumen poblacional y el presupuesto.

Xalapa, Coatzacoalcos y Poza Rica, para MORENA. Pánuco, Veracruz, Boca del Río, Córdoba y Cosamaloapan, entre otras, para el PAN.

Claro, en la cancha de MORENA dirán que con el triunfo en el trío de municipios claves es más que suficiente, pues luego de Veracruz (quedó en manos del PAN) tendrán los más altos presupuestos.

Además, es la primera vez que contienen en el territorio jarocho.

La población, entonces, se ha expresado, con todo y los cuatro muertos en las campañas. Con todo, incluso, con la captura de Roberto Borge Angulo, el ex gobernador de Quintana Roo, clon de Javier Duarte. Con todo y los cinco duartistas presos en el penal de Pacho Viejo.

El siguiente capítulo iniciará hacia finales de año con el tiempo para elegir a los diputados locales y federales, senadores de la república, el gobernador de seis años y el presidente de la república.

 

EL CLAVO QUE FALTABA EN EL ATAÚD ROJO

 

Renato Alarcón, presidente del CDE del PRI, soñaba con cien alcaldías. Mínimo, dijo. Se fue al barranco. Descarriló. Le fallaron las enseñanzas de su amigo y gurú, Adolfo Mota.

También falló Lorena Martínez, la delegada del CEN, quien antes perdió la gubernatura de San Luis Potosí.

Otra derrota en su currículo.

Tan echada para adelante, como cuando, por ejemplo, intentó correr a la mayoría de delegados federales en Veracruz en acuerdo con el delegado federal de Gobernación, “Míster Simpatías”… como gran estrategia (según ellos) para disciplinar a los priistas inconformes y “el tiro (ya se comprobó) les salió por la culata”.

Ni modo, son los estragos del fenómeno social llamado Javier Duarte, y quien durmiendo en cama de piedra en cárcel de Guatemala estará feliz, porque este mes su historia salió publicada en la portada de la revista Vanity Fair, dedicada a las elites entre las elites del mundo bajo un titular indicativo: “Javier Duarte y los cuatro mandamientos de la corrupción en México”.

El último clavo que faltaba al féretro del PRI fue asestado el domingo. Más que la efectividad de la alianza PAN y PRD, el hartazgo social se expresó. El coraje popular. La indignación crónica que la cúpula priista sembró en Veracruz en los últimos doce años.

La población es así. Desde 1910, la última revolución. Ahora, la revolución se manifiesta en las urnas. Seis de cada 10 habitantes en la miseria, la pobreza y la jodidez, en tanto una elite, la duartista, enriquecida de manera asquerosa, sucia y cochina.

Nadie en el PRI de los años 2004 a 2016 puso orden. Ni los órganos fiscales ni tampoco un reacomodo de fuerzas entre los rojos. El resultado ahí está. Y más que pudiera agravarse de cara al año entrante.

Y más, mucho más, dada la ruptura interna (velada, claro) entre los senadores Héctor Yunes Landa y Pepe Yunes Zorrilla, más de Héctor, quien está mirando la tempestad, sin hincarse.

 

PUEBLO ENCADENADO POR CACIQUES

 

La población se reveló, sin ataduras.

Insólita, por ejemplo, la caída de MORENA. Por más y más expectativas levantadas.

Peor aún: el Panal obtuvo el mismo número de alcaldías que MORENA. Dieciocho.

Más aún: todo indica que la población rechaza por completo a los llamados candidatos independientes. Solo tres ganaron. Y lo más indicativo: en San Andrés Tuxtla se impuso el ex priista Gustavo Pérez Garay (bendecido por el diputado federal, Jorge Carvallo Delfín), hijo de una exalcaldesa y ex diputada local y federal priista y de un padre exalcalde también priista.

Es el mismo caso, digamos, de Pánuco, donde el candidato del PAN del panista Ricardo García Guzmán ganó la silla edilicia.

Significaría, entonces, que si en unas latitudes el ciudadano se expresó, digamos, con libertad, en otras el voto fue manipulado y tendencioso, pues resulta inadmisible que sufragaran por un par de caciques. Los Pérez Garay, caciques en San Andrés. Los García Escalante, caciques en Pánuco.

Las cadenas sociales, políticas y económicas todavía predominan en el alma colectiva. Claro, la mayoría poblacional tiene graves problemas en el bolsillo con los salarios de hambre de que hablaba Ricardo Flores Magón, el opositor a Porfirio Díaz, en 1910.

Y cuando el grave pendiente está todos los días en llevar el itacate a casa, el voto, pero también, el destino común inmediato, se vuelve manipulable.

Por encima de todo, la borrachera del poder en el panismo con feudos que serán más grandes. Veracruz (“la joya de la corona”), Pánuco, Martínez de la Torre, Fortín, Isla, Rodríguez Clara y Zongolica, entre otros.

Ni hablar, el descarrilamiento priista en caída libre, ruleta rusa en que está atrapado.

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