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Expediente: Retrato del poder

Staff El Piñero

Luis Velázquez

Veracruz.- Después de Karime Macías, la mujer más poderosa del duartazgo fue María Georgina Domínguez, su primera vocera, su presidenta de la Fundación “Luis Donaldo Colosio”.

“La vicegobernadora” le llamaban. También la Juana de Arco de Veracruz, sin ninguna connotación a la tendencia lesbiana de la heroína francesa.

El gabinete legal y ampliado se le cuadraba. Le tenían miedo. Pánico, incluso, y en ningún momento porque fuera, es, aficionada a la magia negra, como se afirmaba en el pasillo duartiano.

Un retrato del poder que tuvo sería uno de sus hijos.

A la prepa, por ejemplo, solía llegar en un automóvil marca Charger SRT, el Mustang de la Dodge, aun cuando, claro, Arturo Bermúdez Zurita, secretario de Seguridad Pública, los utilizaba con sus escoltas.

Al hijo le gustaba EL Charger en color rojo y en edición deportiva, un cochecito que vale unos ochocientos mil pesos.

Ahora, sin embargo, cuando estudia la carrera de Leyes en la Ibero de Puebla anda en una camioneta rentada, tiempo, quizá, de vacas flacas.

El hijo tiene prohibido tomar. Razones habrá. Por eso, ahora en Puebla cuando con los amigos suele visitar un antro de nombre “La santa” compra una botella de Perignon, que vale unos once mil pesos, y en vez de repartir todo el contenido con los amigos, la riega en la hielera con desparpajo.

También, dicen, riega el Perignon en sus zapatos.

En ocasiones el chico alardea. Y a los compitas les muestra cheques millonarios. Una vez, de 200 mil pesos. Otra, de 800 mil. Una vez mostró uno de un millón de pesos.

Dice que son suyos. Los amigos, sin embargo, saben, porque les ha contado, que la mamá está vendiendo sus bienes, quizá, atrás de un nuevo destino urbano.

Fue una mujer poderosa. Más, incluso, que algunas barbies. Corintia, Anilú, Dominga, Ainara, etcétera.

 

LA TODOPODEROSA

 

En el gabinete legal del duartazgo solían decir que le dio una pócima al entonces jefe máximo de la revolución roja hecha gobierno, tiempo aquel cuando Enrique Peña Nieto estaba seguro, segurísimo, cierto de que Javier Duarte encarnaba a la más brillante nueva generación política de este país que diera a un Benito Juárez, un Francisco I. Madero, un Antonio López de Santa Anna, un Plutarco Elías Calles, un Emiliano Zapata, un Lázaro Cárdenas, un Victoriano Huerta y un subcomandante Vargas, vaya.

El caso es que la vocera se adueñó de las neuronas, el corazón y el hígado de Duarte.

Hubo muchas ocasiones en que Duarte acataba lo que Gina disponía.

¡Y ay quien se indisciplinara!

Y si, por ejemplo, a un miembro del gabinete se le fundían las pilas con Karime y en automático caía en desgracia, con Gina era igual.

O peor.

Y peor, porque por ejemplo, en tanto Karime sólo ordenaba y dejaba que las cosas siguieran su camino, Gina le daba seguimiento y hasta se entrevistaba con el secretario de marras para la intimidación y el acoso, incluso, la amenaza.

Y siempre, en nombre del góber tuitero.

Hubo ocasiones cuando ella ordenaba escribir un boletín de prensa y luego se lo entregaba a Duarte y Duarte se lo enviaba al secretario con una orden simple y sencilla, la siguiente: convocar a rueda de prensa y declarar las cosas “al pie de la letra”.

–Oiga, pero lo que está escrito aquí es mentira.

Y Duarte reviraba así:

–¿Lo declaras tú o pongo a otro a que lo declare?

Gina era feliz. Sonreía. Ejercía el poder. Mandaba. Se imponía.

 

EL PASADO SIEMPRE REGRESA

 

El vocero azul, Elías Assad Danini, anunció hace unos dos meses que tenía denuncia penal en contra de María Georgina Domínguez y Alberto Silva Ramos, el diputado federal, los dos ex directores de Comunicación Social, el último el favorito de Duarte para sucederle en el trono imperial y faraónico.

Pero como en la Fiscalía hay en turno 67 denuncias penales en contra de igual número de duartistas…

Y también tienen abiertas 777 carpetas de investigación y siguen la pista a trescientos ex funcionarios…

Entonces, “con el tiempo y un ganchito”, de aquí a las cinco elecciones del año entrante, habrá tiempo de sobra.

Vivir, pues, con la incertidumbre y la zozobra. Temerosos de que puedan detenerte saliendo de tu casa (Flavino Ríos), o cuando vayas en carretera (Francisco Valencia), o cuando andes de compras en una plaza comercial (Mauricio Audirac Murillo) o cuando vayas a declarar ante un juez como indiciado (Arturo Bermúdez Zurita).

Según la fama pública, la ex vocera llegó al gabinete de Fidel Herrera y se adueñó de su esposa, la presidenta del DIF, aun cuando el fogoso terminó odiándola.

Ahí, se ligó con la esposa de Javier Duarte y luego de Duarte, con toda la experiencia que traía de Quintana Roo en su doctorado en Ciencias Políticas al lado de Mario Villanueva, el ex gobernador que estuviera preso en el penal de Almoloya y en una cárcel de Estados Unidos, ni más ni menos que por los mismos delitos de Javier Duarte.

La frase célebre del fogoso aplica hoy para todos. “Tiempo de sumar, decía, tiempo de sumarse y tiempo de sumirse”.

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