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La caída de Gustavo Sousa; tres priistas en el complot

Staff El Piñero

Luis Velázquez/ Barandal

Veracruz.-21 de abril de 2017 .-PASAMANOS: Las elites priistas de Veracruz están en el peor momento de su vida. Casi casi en la ruleta rusa. En caída libre. Y lo peor, llenos de soberbia disputando las parcelitas que restan. La militancia atrapada y sin salida en medio de las tribus en la rebatinga.

Tribu primera. La de Renato Alarcón, presidente del CDE.

Tribu segunda. La del senador Héctor Yunes Landa.

Tribu tercera. La del diputado federal, Érick Lagos Hernández, el más fidelista y duartista de todos, capaz, claro, de la traición.

Tribu cuarta. La del diputado federal, Jorge Carvallo Delfín, cuya definición de su padre (“El hijo más ruin que he tenido”) lo retrata al pie de la letra.

Tribu quinta, que más debiera escribirse mini-tribu. La de Adolfo Mota Hernández, el diputado federal a quien ni en su pueblo, Coatepec, quieren.

Tribu sexta. Los pocos caciques que restan, pues varios, como Ricardo García Guzmán, de Pánuco, de pronto, zas, se volvieron más panistas que Miguel Ángel Yunes Linares.

Quizá, digamos, pudiera enlista a una tribu séptima. La de Fidel Herrera Beltrán.

Pero la fama pública dice que “El fogoso” vive una luna de miel con el PVEM, donde milita su hijo y es jefe máximo, gracias al gobernador de Chiapas, su alter ego, Manuel Velasco Coello, el camino seguro para que el año entrante sea ungido candidato a gobernador de Veracruz.

El caso es que la militancia priista, la que vive su priismo con intensidad, aquella que en otros tiempos significaba unos 600 mil, 700 mil votos seguros, vive aprisionada entre las siete hordas anteriores, con todo y que seis de cada diez habitantes del territorio jarocho están en la miseria, la pobreza, la jodidez, el desempleo y una pésima y atroz calidad de vida.

 

BALAUSTRADAS: Desde luego hay más grupos rojos. Incluso, grupitos. Grupititos, con un solitario dirigente, como el formado por Fernando Arteaga Aponte, quien en el mesianismo puro suele contar que le apodan “El huevo” porque de niño vendía huevos de casa en casa en las colonias populares.

En el puerto jarocho, por ejemplo, alardearon el llamado “G50”, integrado, decían, por cincuenta jefes natos, líderes sociales, pero en realidad, se ha ido descubriendo, ni siquiera a la mitad llegan.

Y como dice el presidente del CDE del PRI, Renato Alarcón, son tan zorros que cuando son precandidatos suscriben un pacto de unidad y apenas el candidato resulta elegido todos se van contra, como fue, por ejemplo, la caída de Gustavo Sousa Escamilla y Francisco Ávila Camberos como precandidatos a la alcaldía.

Nunca a todos ellos ha interesado el destino común de la población.

La tarea de gobernar y ejercer el poder solo les ha ocupado con sentido patrimonialista, y lo peor, con un resultado infame:

Según el sacerdote José Alejandro Solalinde Guerra, director fundador del albergue “Los hermanos en el camino”, el duartazgo significó la desaparición de quince mil personas, además del desvío de 180 mil millones de pesos.

Y para desdoro del partido, Javier Duarte, preso en Guatemala. Arturo Bermúdez Zurita, Mauricio Audirac Murillo y Francisco Valencia, presos en el penal de Pacho Viejo. Flavino Ríos Alvarado, con arraigo domiciliario. Carlos Aguirre Morales, ex titular de SEFIPLAN, prófugo de la justicia. Y Tarek Abdalá, ex tesorero de SEFIPLAN y diputado federal, resistiendo el desafuero.

Y de ñapa, 67 funcionarios duartistas con denuncia penal en la Fiscalía.

Más trescientos con carpeta de investigación de (posibles) trastupijes.

Y la doble derrota del año anterior con la gubernatura y la mayoría en el Congreso local.

Y ni así, sintiendo el vértigo del viento huracanado, se arrodillan y rezan por lo que llaman el nuevo PRI.

Para cada una de las siete tribus rojas sólo cuentan los intereses grupales.

Nunca su partido ha interesado ni tampoco el beneficio social.

 

ESCALERAS: Otras hordas del PRI se fueron luego de la derrota electoral de 2016… y que nunca visualizaron ni soñaron.

Ricardo García Guzmán, de Pánuco, el Papá Porky, cuya riqueza familiar resulta incalculable, pero capaz de comprar una elección para seguir adueñado del poder político.

Marcelo Montiel Montiel, de Coatzacoalcos, y cuya fortuna sus amigos calculan en dos mil millones de pesos, a tal grado que obsequió su mansión de doce millones de pesos al obispo del pueblo, además de comprarse su ranchito en Curitiba, la metrópoli sexual del continente.

Pablo Anaya Rivera, ex alcalde y ex diputado local y ex secretario de Salud designado por el PRI, candidato del Movimiento Ciudadano a presidente municipal (otra vez) de Poza Rica, lo que significa la más alta traición e ingratitud de un priista que fue veinte años académico de Tiempo Completo de la Universidad Veracruzana y director regional del IMSS durante 17 años, además de una pensión superior a los cien mil pesos.

Jorge González Azamar, tres veces alcalde de Catemaco y luego de su militancia priista a la sombra de Jorge Uscanga Escobar, por un partido político diferente, y quien soñó con imponer a su esposa de candidata al escritorio edilicio.

Carolina Gudiño Corro, cuatro cargos públicos en el Fidelato (directora del Instituto de la Mujer, diputada local y federal y alcaldesa jarocha), militante ahora, y dirigente, del PVEM.

Etcétera.

En caída libre, el PRI en Veracruz, quizá igual que en otras entidades federativas, en el despeñadero.

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