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Por: Eugenio GONZÁLEZ |RETRATOS

Oaxaca, México.- La estancia de hombres, mujeres y niños del campo en esta ciudad capital no es gratis. Y menos abanderando una organización social, como CODEP. La simple lógica establece que existe un oscuro financiamiento para poner al pueblo contra la pared y buscar intereses más allá de las necesidades que dicen atacar.


El secuestro de camiones, la estrangulación de las vialidades, ataques a una sociedad civil que se ve acorrolada entre filosos machetes y agitadas manifestaciones, no son las prácticas de una organización social que busca aliviar su sed de justicia. Al contrario, violenta, azuza y quebranta la Ley, buscando en la respuesta oficial, la represión.


Son tres días de radicales protestas, aglutinadas por mujeres y niños que son utilizados como carne de cañón, expuestos a todos los males de la intemperie, aún más cuando existe una pandemia en nuestros aires. Quienes los controlan, solo exhiben desmedidos apetitos personales, condenándolos a una sumisión increíble y alejada de cualquier respiro de auxilio.


Pero no hay que descubrir el hilo negro para saber quien aviva este incendio social, donde se evidencian sin mostrar los rostros personajes que buscan, a toda costa, el poder que por años han tenido y que, frente a una próxima sucesión gubernamental, intentan mantener.


Para nadie es un secreto, por ejemplo, que Salomón Jara ha juntado, desde el Senado, presidentes obedientes a sus causas, quienes le dan facilidades y financian acciones que abonen a su proyecto. Igual, igualito que Benjamín Robles Montoya, popularmente conocido como “El Cara Sucia”.


Ambos, en este transitorio contexto, le apuestan a la recaudación de dinero, favores y lealtades. Actúan como cárteles, disputando territorios, incendiándolos, provocando guerras internas a fin de ganar la sumisión de pueblos que les favorezcan en sus aspiraciones personales.


Y sin elucubrar más allá de lo lógico, acciones tan radicales como las protestas de CODEP podrían tener una firme conexión con esos intereses, máxime que quienes lo mueven tienen hilos muy identificados con grupos y tribus del añejo perredismo, hoy mutados en Morena y PT. Y que tienen al pueblo de los Valles Centrales sujeto a su escandalosa rebelión.

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Columnas

Un nuevo pacto social: Oaxaca y las obras cargadas de futuro, inspiradas en comunicar a pueblos aislados y olvidados

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Jorge Nuño Jiménez| El Universal

México.- La semana pasada nos enteramos de un nuevo amanecer para el sur-sureste, muy especialmente en la región de Oaxaca, el arranque y puesta en marcha de grandes obras de infraestructura de gran alcance, cargadas de futuro, inspiradas en comunicar a pueblos aislados y olvidados. Es muy loable la coordinación y cooperación del gobierno de esa entidad federativa y del gobierno federal. No obstante, de pertenecer a distintos partidos, encontraron un camino de concordia y cooperación en bien de la población.

Dignas de encomio son las obras de gran calado, que comunicaran a la capital oaxaqueña con el Istmo de Tehuantepec, se proyecta un puerto de contenedores, 10 parques industriales, un ferrocarril moderno, una carretera de alta velocidad. Estas obras se unirán con Tren Maya que en su recorrido comunicará a las entidades de Chiapas, Quintana Roo, Tabasco, Campeche y Yucatán, creando una ruta de prosperidad para el Sureste.

Este es el mejor homenaje al símbolo de nuestra dignidad, Benito Juárez. Impulsando a Oaxaca como un nodo de comunicaciones rápidas y seguras, con sus destinos turísticos de la costa como es Huatulco y Puerto Escondido. Lo anterior sin duda atraerá nuevas inversiones nacionales y extranjeras.

Es notable que con estas vías de comunicación se logrará el progreso y la modernidad de los sectores agrícola y pecuario existentes. La integración con el eje transístmico del Puerto de Salina Cruz a Coatzacoalcos, que fuera un viejo sueño actualmente hecho realidad fomentará el desarrollo de nuevas actividades económicas.

Las arterias Barranca Larga-Ventanilla y Mitla-Tehuantepec, darán un empuje al potencial turístico de Huatulco y Puerto Escondido, propiciando un mayor crecimiento y creación de empleos en la zona. Actualmente, el recorrido entre la ciudad de Oaxaca y la costa es de seis horas y media, con las nuevas obras será de solo dos horas y media. Estas vías permitirán a la población acceder a servicios de educación y salud con mayor oportunidad, fomentarán la actividad económica, reduciendo los costos de transporte para sus bienes.

El estado de Oaxaca posee enormes recursos naturales, culturales, e históricos, está bañada por el Océano Pacifico. Una vez terminadas estas obras constituirán un verdadero “pacto social”, restituyendo a la población su “derecho al desarrollo” y materializando la redistribución de la riqueza y erradicación de la pobreza.

Los proyectos anteriores, se inspiran sin lugar a duda en el fomento a la modernidad, bajo un modelo sustentable, que conduzca a través de la educación e innovación, a la sociedad del conocimiento. Inspirando confianza y fe en el porvenir de la región del sureste que permanecía abandonada.

La sociedad mexicana reclama a sus gobiernos tanto federal como estatal, un nuevo proceso de cambio con rumbo y justicia social, que aproveche estas comunicaciones para el bien de la población.

En medio de la tormenta y crisis por esta pandemia que ha paralizado a la economía mundial, erigiéndose como una “espada de Damocles”, México no se queda inmóvil impulsa el cambio, entiende que toda crisis es oportunidad, abandonando etapas de confort, incuria y dejadez, en pos de un nuevo paradigma de transformación económica, social y cultural, declarándole la guerra a la verdadera enfermedad: la pobreza y la miseria.

México tiene un nuevo destino en el concierto de naciones, ser un actor respetable y respetado.

Director del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo

https://www.eluniversal.com.mx/opinion/jorge-nuno-jimenez/un-nuevo-pacto-social

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Columnas

Julio, mes de las mismas desigualdades

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Xóchitl Jazmín Velázquez

Oaxaca, México.- Julio ha sido históricamente el mejor mes de la vida cultural de nuestro estado, fiestas, danzas, comida, colores por doquier, visitantes locales y extranjeros. Para recibirlos y dar una mejor imagen se realizan cortes de árboles, pintadas de fachadas, se arreglan puentes, carreteras y un sin fin de spots publicitarios para hacerle llegar al mundo el mensaje que “Oaxaca está de fiesta”.

Los resultados finales siempre han sido que un mayor número de visitantes se ha alcanzado, que la derrama económica es de millones de pesos, pero esto jamás se ha visto reflejado en los bolsillos de las y los oaxaqueños.

Hoy las condiciones son distantes, no hay fiesta -ni habrá Guelaguetza- ni cortes de árboles,  no se pintarán las fachadas, ni los puentes, ni carreteras, los spots publicitarios son de otra naturaleza; empero, lo que no cambia es que los negocios y los bolsillos de miles de oaxaqueños sigue en las mismas condiciones, sin recursos.

Esta pandemia, ha retado a las instituciones de gobierno, quienes han sido superadas ante su falta de respuesta efectiva e impacto en la ciudadanía, sus “soluciones” hasta hoy, no parecen tener un buen resultado.

El Estado tiene tres tipos de deberes respecto a los ciudadanos, respetar, proteger y garantizar sus derechos, para ello, la participación de las instituciones es fundamental de manera permanente – no sólo en época de crisis- pero ¿En qué medida se protege el derecho a la vida? En un Estado en el que de manera frecuente se leen las muertes de mujeres y niños; que es incapaz de proponer mecanismos efectivos de seguridad pública ¿Cómo se garantiza la libertad? Si no se puede salir sola a la calle ¿En qué medida se puede garantizar el derecho a la salud? Si no se demuestra la capacidad para ello.

Este mes de julio para algunos, no será igual que otros porque dejaron de percibir ingresos o generar ganancias por sus negocios, pero para miles de oaxaqueños no habrá cambio alguno porque seguimos sin tener agua, luz, o vivienda digna; mientras no exista un Estado sólido capaz de cumplir con sus obligaciones, éste y otros meses serán diferentes para algunos que dejaron de ganar, pero iguales para muchos que siguen sin tener algo que decir.    

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Columnas

T-MEC, luces y sombras; que no todo se reduzca a un libre tráfico de mercancías

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Por: José Murat| La Jornada

México.- La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, marco de la visita del presidente mexicano a Washington, es un paso adelante para consolidar el mayor mercado regional del mundo, con 18.3 por ciento de la economía internacional y 16 por ciento de las exportaciones globales, e impulsar las economías nacionales, pero también deja fuera importantes agendas sociales, laborales y de equidad, la cláusula de asimetría entre las partes para favorecer a los más débiles, a diferencia de otros instrumentos, como la Unión Europea.

Es un acuerdo que se inscribe en la lógica de la globalización y la apertura de nuestro tiempo, el debilitamiento de las soberanías nacionales en aras de objetivos económicos y de libre mercado, para contrarrestar el empuje de los demás bloques, que a su vez suman fuerzas para incrementar su capacidad competitiva.

De esta manera, al amparo del TLC, hoy T-MEC, el comercio entre México y sus dos socios ha crecido de manera exponencial en los pasados 26 años. De 1994 a la fecha, el volumen de comercialización entre nuestro país y Estados Unidos pasó de 82 mil millones a 612 mil millones de dólares, 650 por ciento,;mientras el intercambio de bienes y servicios entre México y Canadá aumentó 808 por ciento.

En el ángulo positivo, debe reconocerse que este acuerdo comercial, que eliminó gradualmente los aranceles sobre la mayoría de productos, trajo consigo importantes oportunidades de inversión, creación de empleos, competitividad y desarrollo de algunos sectores con vocación exportadora.

A pesar de que con las exigencias de mayor contenido regional en los procesos de producción en el T-MEC se obliga a comprar más insumos de origen estadunidense, la balanza comercial seguirá siendo muy favorable para México, pues el superávit comercial de 81 mil millones de dólares sólo disminuiría 2 mil millones de dólares, para quedar en 79 mil millones de dólares, pasando de 6.4 por ciento del PIB a 6.2.

El mayor efecto positivo ha sido este impulso decisivo a las exportaciones mexicanas, pero el impacto en los sectores económicos y sociales ha estado muy lejos de ser uniforme. Unos han ganado, se han fortalecido, como la industria automotriz, que en 1994 producía apenas 125 mil millones de pesos, equivalentes a 1.1 millones de vehículos, de los cuales se exportaban 567 mil (52 por ciento), mientras el año pasado hubo una producción de 549 mil millones de pesos, 3.7 millones de unidades, de los cuales se exportaron 3.3 millones. Igualmente, se han beneficiado, aunque en menor grado, la industria de fabricación de equipo electrónico y de informática.

Pero en el otro extremo, otros sectores, que ya de por sí eran precarios, han descendido más; en el campo, los productores de granos y actividades agropecuarias en general, salvo algunos productos como las hortalizas y el aguacate, para no ir tan lejos. Los subsi-dios encubiertos de nuestros socios comerciales han sido la clave, una competencia desleal.

Algo más grave, no hay ninguna cláusula que atienda el libre tránsito de las personas o, cuando menos, que contemple facilidades migratorias para una estancia temporal estable, cierta y digna para los productivos trabajadores mexicanos que, con su esfuerzo y talento, han construido los cimientos de la mayor economía del mundo, sobre todo en estados como California, Texas y Florida, con un PIB que excede el de varios países europeos. En respuesta asimétrica, los trabajadores migrantes y sus familias no tienen acceso a servicios elementales de salud, educación y seguridad social. Mucha contribución, poca contraprestación.

El trato discriminatorio se da a pesar de que, como señala el profesor Jeffrey Humphreys, director del informe Economía Multicultural, elaborado por el Centro Selig de la Universidad de Georgia, el poder adquisitivo de los hispanos determinará cada vez más el ritmo del crecimiento del PIB de Estados Unidos y de la región. Recordemos que, de una población de casi 57 millones de latinos en ese país, más de 60 por ciento son mexicanos o de origen mexicano; es decir, más de 30 millones de personas.

En el aspecto negativo, ahora se agregaron cláusulas lesivas a la soberanía nacional, como la controvertida figura de los agregados laborales, que proporcionarán información sobre las prácticas laborales del país; es decir, el apego o no a los criterios de libre mercado, no siempre compatibles con el espíritu social de la Constitución.

En suma, lejos de festejar la puesta en vigor del T-MEC, los mexicanos, gobierno y sociedad debemos estar alertas para que los aspectos positivos, como la seguridad y el aliento al comercio y la inversión trilateral, prevalezcan sobre los negativos como los riesgos a la soberanía nacional, el colapso del campo, el estatus vejatorio de los trabajadores migratorios y las injerencias en la política laboral que sólo debe competer a los nacionales.

Cuidemos que no todo se reduzca a un libre tráfico de mercancías, un libre mercado sin rostro humano.

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