➡️ Una ciudadana que recién arribó al aeropuerto de Veracruz, procedente de Playa del Carmen, vivió una experiencia digna de anécdota nacional
➡️ El “emprendimiento” en el Puerto Jarocho ha llegado a terrenos antes reservados para la simple cortesía.
Redacción El Piñero
Veracruz, México.– Ni cursos de emprendimiento, ni gurús financieros, el ingenio popular sigue sorprendiendo.
Una ciudadana que recién arribó al aeropuerto, procedente de Playa del Carmen, vivió una experiencia digna de anécdota nacional cuando, ya en su terruño, preguntó algo tan básico como la hora de paso del camión Ulúa.
La escena ocurrió en un puesto de ventas en la zona de Las Bajadas, donde la ciudadana solicitó orientación a una comerciante. La respuesta fue tan breve como contundente, la información tenía costo. ¿El precio? Tres pesos, no por el boleto, no por el pasaje, sino por el dato.
Así, la lógica comercial alcanzó nuevos niveles. Ya no se vende mercancía, ahora se cobra por saber. Ni Google Maps, ni horarios oficiales, ni solidaridad de barrio; aquí la tarifa fue clara y sin descuentos.
Aunque el monto podría parecer simbólico, el hecho provocó sorpresa y risas entre testigos, al evidenciar cómo el “emprendimiento” ha llegado a terrenos antes reservados para la simple cortesía.
La historia, que ya circula como anécdota urbana, deja abierta la pregunta:
¿estamos ante una mente de tiburón o simplemente frente a una nueva modalidad del comercio informal donde hasta la hora se tarifa?






