Redacción El Piñero | Corresponsalía
El reciente asalto contra dos mujeres y una niña en la zona de Los Fuertes, en Puebla, volvió a encender las alarmas no solo por la inseguridad, sino por la cruda realidad que enfrentan menores de edad involucrados en actividades delictivas.
Se dio a conocer que, de acuerdo con reportes difundidos en medios locales, los presuntos responsables son dos menores de unos 15 años, ya identificados por la Policía Auxiliar.
A su corta edad, los adolescentes ya han sido detenidos en ocasiones anteriores por robos cometidos contra visitantes del parque. En el hecho más reciente, los jóvenes lograron huir con el teléfono celular de una de las víctimas, quienes convivían con la pequeña hija de una de las dos amigas, durante un picnic.
Más allá del delito, el caso refleja una profunda descomposición social: menores que reinciden, que entran y salen del sistema sin que exista una estrategia real para rescatarlos, alejarlos de la violencia y ofrecerles alternativas de vida. Mientras las víctimas cargan con el miedo y la pérdida, estos adolescentes continúan creciendo en el abandono, sin atención integral, educación ni acompañamiento social.
El episodio deja una pregunta abierta y urgente: ¿quién se está haciendo cargo de estos niños antes de que el delito termine por marcarles el futuro de manera irreversible?






