Redacción El Piñero
Oaxaca.- Desde octubre del año pasado, la tranquilidad de la comunidad José López Portillo, conocida como Chocomanatlán, en el municipio de Santa María Chimalapa, región del Istmo, se transformó en una larga vigilia colectiva, sus habitantes aseguran vivir bajo amenazas constantes de grupos vinculados con actividades ilícitas, interesados en controlar caminos y recursos naturales de la región selvática.
Las advertencias, relatan los comuneros afectados, se intensificaron en fechas recientes luego de la detención de autoridades en Cintalapa, Chiapas. Desde entonces, emisarios externos habrían intentado forzarlos a firmar un documento para rechazar la vigilancia gubernamental, una exigencia que fue rechazada de manera unánime.
La presión no terminó ahí, al acudir a Cintalapa para abastecerse, pobladores fueron intimidados con represalias si no permitían el ingreso a la selva, donde ya se detectó la instalación de aserraderos móviles para la extracción de madera.
El temor se extendió a la vida cotidiana, las escuelas de nivel primaria y telesecundaria suspendieron clases para proteger a niñas y niños, quienes hoy permanecen en casa preguntando cuándo llegarán “esos hombres” que, aseguran, rondan la comunidad. La unidad médica del IMSS-Bienestar también cerró sus puertas; la doctora decidió resguardarse ante el clima de riesgo.
Sin servicios educativos ni de salud, y con Cintalapa a más de dos horas y media de distancia, la comunidad enfrenta días difíciles. Por las noches, los habitantes aseguran escuchar el zumbido de drones, lo que ha reforzado la sensación de vigilancia externa. Ante ello, los comuneros establecieron frentes de observación comunitaria, turnándose para cuidar accesos y mantenerse alertas.
“No somos gente de guerra, pero sabemos resistir”, afirman. Su objetivo, dicen, es proteger la selva, los ríos y la fauna que por generaciones han cuidado. Mientras tanto, exigen al gobierno federal la presencia permanente de fuerzas de seguridad que garantice la tranquilidad y permita que la vida vuelva a la normalidad en este rincón olvidado del Istmo.






