➡️ Dejó la universidad —estudiaba enfermería—, abandonó su hogar y, finalmente, salió del país
Por: Eugenio GONZÁLEZ | El Piñero
Cuenca del Papaloapan.- La violencia no siempre deja cadáveres visibles; a veces deja exilios. El de este joven de Tres Valles, Veracruz, comenzó la noche del 4 de julio de 2021, cuando hombres armados irrumpieron en su casa de la comunidad La Granja y lo arrancaron de su vida cotidiana a golpes y amenazas.
Cuenta que portaban insignias de un famoso grupo delictivo. Lo subieron por la fuerza, lo mantuvieron cautivo, lo agredieron y le pusieron precio a su libertad: 300 mil pesos. No los tenía. Para conseguirlos, vendió su casa. Pagó. Salió con vida.
Pero la extorsión no terminó ahí. Las amenazas siguieron, constantes, asfixiantes. Dejó la universidad —estudiaba enfermería—, abandonó su hogar y, finalmente, salió del país. Hoy vive en Estados Unidos con un miedo distinto, pero igual de real; ser deportado y volver a un lugar donde, dice, regresar es una sentencia. “Otros han vuelto y los han matado”, afirma.
Carga secuelas visibles —una cicatriz en la ceja por la golpiza— y otras que no se ven. Dice haber sobrevivido “de milagro”. Pide algo simple y urgente, que su historia no se pierda, que su caso se escuche y que su exilio no sea el precio definitivo por haber querido vivir.
Es una historia más de la Cuenca del Papaloapan, en Veracruz. Una que no terminó en una fosa, pero sí en el desarraigo. Una vida salvada a costa de todo lo demás.






