➡️ El maestro hizo un llamado directo a las autoridades correspondientes para que se reactive la construcción del puente vehicular inconcluso en ese punto, el cual conecta a Usila con diversas comunidades de la región.
Redacción El Piñero
Cuenca del Papaloapan, Oaxaca.– “Sentí que me ahogaba, pensé que era mi final”. Así resume René Manuel Martínez, maestro de educación preescolar indígena con 15 años de servicio, los segundos más angustiantes de su vida al quedar a merced de la corriente del Río Grande, tras reventarse el cable de la panga en la que cruzaba rumbo a su centro de trabajo en la comunidad de Santiago Tlatepusco, municipio de San Felipe Usila.
El docente relató que, debido al inicio de clases marcado por el calendario oficial de la Secretaría de Educación Pública (SEP), él y siete compañeros trasladaban sus motocicletas en la panga cuando comenzaron a romperse las cuerdas que la mantenían sujeta. La fuerte corriente del río impedía cualquier maniobra de control, mientras la embarcación amenazaba con voltearse.
“Tratamos de mantener la calma y volver a amarrarla para que no nos arrastrara el río, pero las cuerdas se fueron reventando una por una. Entonces decidimos aventarnos para no ser aplastados”, narró.
René Manuel Martínez reconoció que cometió un error que casi le cuesta la vida al amarrarse la chamarra a la cintura, lo que le impedía flotar. “Empezó a pesar y no me dejaba salir. En ese momento sentí que me ahogaba, pero pensé en mis padres; no iban a soportar una noticia así”, expresó.
Con un último esfuerzo logró desprenderse de la chamarra y de los tenis, lo que le permitió nadar hasta el punto previamente acordado con sus compañeros y ponerse a salvo. Los ocho docentes —todos hombres, indígenas chinantecos e integrantes de la Sección 22 de la CNTE— lograron llegar a la orilla gracias a que sabían nadar, sin que se reportaran personas lesionadas.
Tras sobrevivir al incidente, el maestro hizo un llamado directo a las autoridades correspondientes para que se reactive la construcción del puente vehicular inconcluso en ese punto, el cual conecta a Usila con diversas comunidades de la región.
“No podemos esperar a que ocurra una tragedia para actuar. Dios nos cuidó todo el tiempo, pero el puente es necesario y es un beneficio para todos”, concluyó.
El hecho evidencia nuevamente los riesgos extremos que enfrentan los docentes indígenas para cumplir con su labor educativa en comunidades de la Cuenca del Papaloapan, donde la falta de infraestructura sigue poniendo vidas en peligro.






