➡️ El llamado “relanzamiento” de Salomón Jara terminó siendo un simple reacomodo de apellidos; salieron algunos Jara, pero los cargos no dejaron de quedarse en familia; solo cambiaron de clan.
➡️ También se observa el relevo entre Alejandro López Jarquín, quien dejó el IOCIED, y la llegada de su hermano Carlos López Jarquín a Coreturo.
Eugenio GONZÁLEZ | El Piñero
Oaxaca, México. — El llamado “relanzamiento” del gobierno de Salomón Jara comienza a mostrar su verdadero rostro. Entre los nombramientos recientes destaca el de Luis Alberto Sosa Castillo como nuevo director del Registro Civil de Oaxaca, sobrino de Flavio Sosa Villavicencio, actual secretario de las Culturas y Artes.
Lejos de enviar un mensaje de ruptura con el nepotismo que tanto ha sido cuestionado en la actual administración, el movimiento refuerza la percepción de que los espacios estratégicos continúan quedando en manos de círculos familiares.
El Registro Civil no es una oficina menor, maneja identidad jurídica, trámites fundamentales y control administrativo sensible. Que esa posición recaiga en un familiar directo de un integrante del gabinete vuelve a colocar bajo la lupa la congruencia del discurso oficial sobre transparencia y combate a privilegios.
El caso no es aislado. También se observa el relevo entre Alejandro López Jarquín, quien dejó el IOCIED, y la llegada de su hermano Carlos López Jarquín a Coreturo. Cambian los nombres, pero no los apellidos.
El gobernador presentó estos ajustes como parte de una “limpieza” y reconfiguración profunda tras el desgaste político derivado de la consulta de revocación. Sin embargo, más que una transformación estructural, lo que se aprecia es una redistribución interna del poder.
El problema no es únicamente legal —pues muchas veces estos movimientos se blindan jurídicamente— sino político y ético. La concentración de cargos en familias vinculadas al gabinete envía una señal contradictoria frente al discurso de combate al nepotismo y de apertura a nuevos perfiles.
El “relanzamiento” prometía sacudir inercias. Pero hasta ahora, para muchos observadores, parece más una cirugía cosmética que una renovación de fondo. En Oaxaca, el cambio anunciado terminó siendo, otra vez, cuestión de apellidos.






