➡️En caso de que se le revoque el mandato, el Congreso deberá optar por dos salidas:
designar un gobernador interino y convocar a elecciones extraordinarias, o bien nombrar a un gobernador sustituto que concluya el periodo
Eugenio GONZÁLEZ| El Piñero
Oaxaca, Oax. — Este 25 de enero, Oaxaca entra a una zona de definición política. No se trata de una consulta superficial ni de un ejercicio simbólico. Este proceso de revocación de mandato coloca al gobernador frente al veredicto directo del pueblo que lo eligió.
Si la mayoría ciudadana decide retirarle la confianza y se alcanza la participación requerida por la ley, el resultado es contundente, el gobernador se va. Sin matices. Sin interpretaciones. Sin discursos.
El proceso activa una cadena institucional que comienza con el , encargado de validar los resultados y certificar la voluntad popular. A partir de ahí, el poder político se traslada al , obligado a asumir el control de la gobernabilidad y definir el relevo.
Dependiendo del tiempo restante del sexenio, el Congreso deberá optar por dos salidas:
designar un gobernador interino y convocar a elecciones extraordinarias, o bien nombrar a un gobernador sustituto que concluya el periodo. En cualquier escenario, el mensaje es claro: el mandato se rompe.
Aunque el marco legal garantiza que no haya vacío de poder y que los programas y servicios continúen, una revocación tendría un impacto político profundo. Significaría la desaprobación formal del proyecto de gobierno, la fractura del discurso de legitimidad y un reacomodo forzado de las estructuras de poder en Oaxaca.
La pregunta que subyace a este ejercicio no es menor:
¿cumplió el gobernador lo que prometió?,
¿respondió a las expectativas de un estado históricamente agraviado?,
¿merece continuar tres años más?
La revocación de mandato no es un castigo ni una concesión. Es un juicio ciudadano. Y este 25 de enero, Oaxaca tiene la palabra.






