➡️ Actualmente, el gobernador Salomón Jara, en una analogía inevitable con Vecna, parece empeñado en controlar cada engranaje del sistema político y gubernamental para mantenerse en el poder
Eugenio GONZÁLEZ | El Piñero
Oaxaca, México.– Para quienes han visto la exitosa serie de Netflix Stranger Things, la historia gira en torno a un grupo de niños y adolescentes que, en el aparentemente tranquilo pueblo de Hawkins, Indiana, descubren una realidad oscura, experimentos gubernamentales secretos, abusos de poder y la existencia de un mundo paralelo tenebroso conocido como el Upside Down o Mundo del Revés. En ese universo, los villanos operan desde las sombras, mientras la población común sufre las consecuencias.
Algo muy parecido —guardando las proporciones— ocurre hoy en la vida real de Oaxaca.
Actualmente, el gobernador Salomón Jara, en una analogía inevitable con Vecna, parece empeñado en controlar cada engranaje del sistema político y gubernamental para mantenerse en el poder, pese al desaseo financiero que, de acuerdo con diversos analistas, ha profundizado la pobreza y agudizado la violencia en el estado.
No es un secreto que este “villano” ha tejido una red de control que alcanza incluso a su entorno familiar. Integrantes de su familia forman parte de la nómina estatal, mientras que el Congreso del Estado opera bajo una clara línea de subordinación política, encabezado —paradójicamente— por su propia nuera como presidenta.
Dependencia tras dependencia, lo mismo, concentración del poder, decisiones cupulares y un modelo que, lejos de aliviar la vida de los oaxaqueños, la vuelve cada vez más complicada.
Como en Stranger Things, Vecna no actúa solo. En el proceso de revocación de mandato, Salomón Jara ha enviado a sus “demogorgones” —brigadas, operadores y activistas— a tomar las calles y tapizarlas de lonas y propaganda, con el objetivo de influir en la decisión ciudadana y evitar que el pueblo le retire el mandato.
Pero así como en la serie existe una contraparte, en este proceso también se necesita de cientos de miles de “Once”. No con poderes sobrenaturales, sino con el poder real del ciudadano, el voto. Son las y los oaxaqueños quienes, boleta en mano, pueden decidir revocar el mandato del gobernador por pérdida de confianza.
De lograrse, este ejercicio no solo podría sentar un precedente histórico en Oaxaca, sino también devolverle legitimidad a un proceso que hoy se percibe profundamente contaminado por la intromisión del propio gobierno, que ha desplegado un operativo publicitario para evitarlo.
En este Mundo del Revés llamado Oaxaca, la pregunta sigue ¿será la ciudadanía quien escriba el final de esta historia, o el villano logrará imponer su narrativa una vez más?






