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José Murat| La Jornada

México.- Nunca como ahora en la historia moderna se había requerido de inteligencia, tolerancia y altura de miras para encarar y superar los enormes desafíos que acechan a México y al mundo entero: la peste del Covid-19 se ha constituido en el mayor reto de sanidad pública, de crisis económica y aun de viabilidad política de naciones que apenas hace un año se encaminaban, sin mayor sobresalto, hacia mayores estadios de crecimiento, desarrollo y calidad de vida.

Como ya habíamos señalado, pero ahora con mayor énfasis, nunca como ahora se había requerido de la unidad en lo esencial de todos los niveles de autoridad constitucional y de todos los actores políticos, sociales, culturales y empresariales, por encima de signos ideológicos e intereses facciosos de corto plazo.

Esta es la hora de encontrar o, más propiamente, de construir los acuerdos por México. Es la hora de privilegiar lo que nos une y atemperar lo que nos distingue. La diversidad ideológica es sana. Es un ingrediente esencial de la democracia y un pilar de la vida civilizada. Pero la pluralidad no tiene por qué derivar en confrontación y encono, en lógicas de suma cero, o peor aún, en esquemas de perder-perder, para los actores y para el país al que pertenecemos. La polarización sólo profundiza las contradicciones, y de ahí sólo puede provenir el salto al vacío, la pérdida de lo ganado, el retroceso a etapas superadas.

Es preciso abdicar de las visiones de corto plazo, de la búsqueda de rentabilidad a cualquier costo, comenzando por los cálculos electorales, para concentrarnos en lo fundamental: la salud de los mexicanos y la ya impostergable reactivación económica. La parálisis ya se prolongó más allá de las estimaciones más pesimistas, de marzo estamos a punto de transitar a julio. Los mexicanos, sobre todo los más necesitados, los que viven del jornal del día, ya no lo resisten.

El problema de salud pública no se ha disipado, sino al contrario, se ha disparado: los contagios del nuevo coronavirus hoy tocan a los cinco continentes. El número de casos confirmados en el mundo llegó a 10 millones y las muertes suman más de 500 mil, según el conteo de la Universidad Johns Hopkins. El epicentro es hoy América Latina, Brasil como líder regional con un millón 313 mil 667 contagios, y el fenómeno ya ha alcanzado al norte de África para propagarse al resto de ese continente. Mayor número de contagiados con menor infraestructura hospitalaria.

En el otoño el desafío puede ser doble: los especialistas de la salud ya vaticinan que a las exigencias de atención del Covid-19 podría sumarse otra enfermedad letal, la influenza, que por sí sola puede cobrar decenas de miles de vidas. Combinados los dos flagelos, ya se imaginará el lector el tamaño del problema para los sistemas de salud del mundo, especialmente del subdesarrollado, y en particular lo que más nos preocupa y duele, México y el subcontinente al sur del río Bravo. Nadie está preparado para morir, nadie está presto a perder su patrimonio, pero en el caso nacional, el golpe puede ser demoledor.

Hay que dejarlo muy claro. El coronavirus y la influenza no tienen ideología: no son de izquierda, de derecha ni de centro. Cuando no hay las medidas de prevención, afectan parejo. Enferman, lastiman y eventualmente matan al paciente, sin importar la orientación de su pensamiento. ¿Por qué entonces tanta confrontación, tanta diatriba, tanta descalificación de unos a otros?

A diferencia de otras crisis y colapsos, como los documentados por el biólogo y científico social Jared Diamond, el mundo, y no sólo una región o un país como México, está viviendo pérdidas irreparables. Estamos inmersos en una depresión emocional, económica y social, a escala global. Nadie está a salvo de la mayor amenaza a la salud pública desde la epidemia de la gripe española de 1918 y el mayor desafío a la economía mundial desde la crisis financiera de 1929, el crack de la Bolsa que luego fue el crack del desempleo, el ingreso, y la pobreza.

Esta vez es peor, porque están conjugadas, concatenadas, ambas problemáticas, la sanitaria y la de la economía. En este aspecto, se está dando ya una drástica contracción de la economía mundial, que, según las previsiones del Banco Mundial, se reducirá en 5.2 por ciento este año. De acuerdo con la edición de junio de 2020 del informe Perspectivas económicas mundiales del banco, es la primera vez desde 1870 en que tantas economías experimentarían una disminución del producto per cápita.

La calificadora Fitch Ratings estima que la economía de Europa y Asia se contraerá 4.7 por ciento y que prácticamente todos los países de ese bloque entrarán en recesión, mientras en América Latina y el Caribe las perturbaciones originadas por la pandemia harán que la actividad.

*Presidente de la Fundación Colosio

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Columnas

Un nuevo pacto social: Oaxaca y las obras cargadas de futuro, inspiradas en comunicar a pueblos aislados y olvidados

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Jorge Nuño Jiménez| El Universal

México.- La semana pasada nos enteramos de un nuevo amanecer para el sur-sureste, muy especialmente en la región de Oaxaca, el arranque y puesta en marcha de grandes obras de infraestructura de gran alcance, cargadas de futuro, inspiradas en comunicar a pueblos aislados y olvidados. Es muy loable la coordinación y cooperación del gobierno de esa entidad federativa y del gobierno federal. No obstante, de pertenecer a distintos partidos, encontraron un camino de concordia y cooperación en bien de la población.

Dignas de encomio son las obras de gran calado, que comunicaran a la capital oaxaqueña con el Istmo de Tehuantepec, se proyecta un puerto de contenedores, 10 parques industriales, un ferrocarril moderno, una carretera de alta velocidad. Estas obras se unirán con Tren Maya que en su recorrido comunicará a las entidades de Chiapas, Quintana Roo, Tabasco, Campeche y Yucatán, creando una ruta de prosperidad para el Sureste.

Este es el mejor homenaje al símbolo de nuestra dignidad, Benito Juárez. Impulsando a Oaxaca como un nodo de comunicaciones rápidas y seguras, con sus destinos turísticos de la costa como es Huatulco y Puerto Escondido. Lo anterior sin duda atraerá nuevas inversiones nacionales y extranjeras.

Es notable que con estas vías de comunicación se logrará el progreso y la modernidad de los sectores agrícola y pecuario existentes. La integración con el eje transístmico del Puerto de Salina Cruz a Coatzacoalcos, que fuera un viejo sueño actualmente hecho realidad fomentará el desarrollo de nuevas actividades económicas.

Las arterias Barranca Larga-Ventanilla y Mitla-Tehuantepec, darán un empuje al potencial turístico de Huatulco y Puerto Escondido, propiciando un mayor crecimiento y creación de empleos en la zona. Actualmente, el recorrido entre la ciudad de Oaxaca y la costa es de seis horas y media, con las nuevas obras será de solo dos horas y media. Estas vías permitirán a la población acceder a servicios de educación y salud con mayor oportunidad, fomentarán la actividad económica, reduciendo los costos de transporte para sus bienes.

El estado de Oaxaca posee enormes recursos naturales, culturales, e históricos, está bañada por el Océano Pacifico. Una vez terminadas estas obras constituirán un verdadero “pacto social”, restituyendo a la población su “derecho al desarrollo” y materializando la redistribución de la riqueza y erradicación de la pobreza.

Los proyectos anteriores, se inspiran sin lugar a duda en el fomento a la modernidad, bajo un modelo sustentable, que conduzca a través de la educación e innovación, a la sociedad del conocimiento. Inspirando confianza y fe en el porvenir de la región del sureste que permanecía abandonada.

La sociedad mexicana reclama a sus gobiernos tanto federal como estatal, un nuevo proceso de cambio con rumbo y justicia social, que aproveche estas comunicaciones para el bien de la población.

En medio de la tormenta y crisis por esta pandemia que ha paralizado a la economía mundial, erigiéndose como una “espada de Damocles”, México no se queda inmóvil impulsa el cambio, entiende que toda crisis es oportunidad, abandonando etapas de confort, incuria y dejadez, en pos de un nuevo paradigma de transformación económica, social y cultural, declarándole la guerra a la verdadera enfermedad: la pobreza y la miseria.

México tiene un nuevo destino en el concierto de naciones, ser un actor respetable y respetado.

Director del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo

https://www.eluniversal.com.mx/opinion/jorge-nuno-jimenez/un-nuevo-pacto-social

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Columnas

Julio, mes de las mismas desigualdades

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Xóchitl Jazmín Velázquez

Oaxaca, México.- Julio ha sido históricamente el mejor mes de la vida cultural de nuestro estado, fiestas, danzas, comida, colores por doquier, visitantes locales y extranjeros. Para recibirlos y dar una mejor imagen se realizan cortes de árboles, pintadas de fachadas, se arreglan puentes, carreteras y un sin fin de spots publicitarios para hacerle llegar al mundo el mensaje que “Oaxaca está de fiesta”.

Los resultados finales siempre han sido que un mayor número de visitantes se ha alcanzado, que la derrama económica es de millones de pesos, pero esto jamás se ha visto reflejado en los bolsillos de las y los oaxaqueños.

Hoy las condiciones son distantes, no hay fiesta -ni habrá Guelaguetza- ni cortes de árboles,  no se pintarán las fachadas, ni los puentes, ni carreteras, los spots publicitarios son de otra naturaleza; empero, lo que no cambia es que los negocios y los bolsillos de miles de oaxaqueños sigue en las mismas condiciones, sin recursos.

Esta pandemia, ha retado a las instituciones de gobierno, quienes han sido superadas ante su falta de respuesta efectiva e impacto en la ciudadanía, sus “soluciones” hasta hoy, no parecen tener un buen resultado.

El Estado tiene tres tipos de deberes respecto a los ciudadanos, respetar, proteger y garantizar sus derechos, para ello, la participación de las instituciones es fundamental de manera permanente – no sólo en época de crisis- pero ¿En qué medida se protege el derecho a la vida? En un Estado en el que de manera frecuente se leen las muertes de mujeres y niños; que es incapaz de proponer mecanismos efectivos de seguridad pública ¿Cómo se garantiza la libertad? Si no se puede salir sola a la calle ¿En qué medida se puede garantizar el derecho a la salud? Si no se demuestra la capacidad para ello.

Este mes de julio para algunos, no será igual que otros porque dejaron de percibir ingresos o generar ganancias por sus negocios, pero para miles de oaxaqueños no habrá cambio alguno porque seguimos sin tener agua, luz, o vivienda digna; mientras no exista un Estado sólido capaz de cumplir con sus obligaciones, éste y otros meses serán diferentes para algunos que dejaron de ganar, pero iguales para muchos que siguen sin tener algo que decir.    

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Columnas

T-MEC, luces y sombras; que no todo se reduzca a un libre tráfico de mercancías

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Por: José Murat| La Jornada

México.- La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, marco de la visita del presidente mexicano a Washington, es un paso adelante para consolidar el mayor mercado regional del mundo, con 18.3 por ciento de la economía internacional y 16 por ciento de las exportaciones globales, e impulsar las economías nacionales, pero también deja fuera importantes agendas sociales, laborales y de equidad, la cláusula de asimetría entre las partes para favorecer a los más débiles, a diferencia de otros instrumentos, como la Unión Europea.

Es un acuerdo que se inscribe en la lógica de la globalización y la apertura de nuestro tiempo, el debilitamiento de las soberanías nacionales en aras de objetivos económicos y de libre mercado, para contrarrestar el empuje de los demás bloques, que a su vez suman fuerzas para incrementar su capacidad competitiva.

De esta manera, al amparo del TLC, hoy T-MEC, el comercio entre México y sus dos socios ha crecido de manera exponencial en los pasados 26 años. De 1994 a la fecha, el volumen de comercialización entre nuestro país y Estados Unidos pasó de 82 mil millones a 612 mil millones de dólares, 650 por ciento,;mientras el intercambio de bienes y servicios entre México y Canadá aumentó 808 por ciento.

En el ángulo positivo, debe reconocerse que este acuerdo comercial, que eliminó gradualmente los aranceles sobre la mayoría de productos, trajo consigo importantes oportunidades de inversión, creación de empleos, competitividad y desarrollo de algunos sectores con vocación exportadora.

A pesar de que con las exigencias de mayor contenido regional en los procesos de producción en el T-MEC se obliga a comprar más insumos de origen estadunidense, la balanza comercial seguirá siendo muy favorable para México, pues el superávit comercial de 81 mil millones de dólares sólo disminuiría 2 mil millones de dólares, para quedar en 79 mil millones de dólares, pasando de 6.4 por ciento del PIB a 6.2.

El mayor efecto positivo ha sido este impulso decisivo a las exportaciones mexicanas, pero el impacto en los sectores económicos y sociales ha estado muy lejos de ser uniforme. Unos han ganado, se han fortalecido, como la industria automotriz, que en 1994 producía apenas 125 mil millones de pesos, equivalentes a 1.1 millones de vehículos, de los cuales se exportaban 567 mil (52 por ciento), mientras el año pasado hubo una producción de 549 mil millones de pesos, 3.7 millones de unidades, de los cuales se exportaron 3.3 millones. Igualmente, se han beneficiado, aunque en menor grado, la industria de fabricación de equipo electrónico y de informática.

Pero en el otro extremo, otros sectores, que ya de por sí eran precarios, han descendido más; en el campo, los productores de granos y actividades agropecuarias en general, salvo algunos productos como las hortalizas y el aguacate, para no ir tan lejos. Los subsi-dios encubiertos de nuestros socios comerciales han sido la clave, una competencia desleal.

Algo más grave, no hay ninguna cláusula que atienda el libre tránsito de las personas o, cuando menos, que contemple facilidades migratorias para una estancia temporal estable, cierta y digna para los productivos trabajadores mexicanos que, con su esfuerzo y talento, han construido los cimientos de la mayor economía del mundo, sobre todo en estados como California, Texas y Florida, con un PIB que excede el de varios países europeos. En respuesta asimétrica, los trabajadores migrantes y sus familias no tienen acceso a servicios elementales de salud, educación y seguridad social. Mucha contribución, poca contraprestación.

El trato discriminatorio se da a pesar de que, como señala el profesor Jeffrey Humphreys, director del informe Economía Multicultural, elaborado por el Centro Selig de la Universidad de Georgia, el poder adquisitivo de los hispanos determinará cada vez más el ritmo del crecimiento del PIB de Estados Unidos y de la región. Recordemos que, de una población de casi 57 millones de latinos en ese país, más de 60 por ciento son mexicanos o de origen mexicano; es decir, más de 30 millones de personas.

En el aspecto negativo, ahora se agregaron cláusulas lesivas a la soberanía nacional, como la controvertida figura de los agregados laborales, que proporcionarán información sobre las prácticas laborales del país; es decir, el apego o no a los criterios de libre mercado, no siempre compatibles con el espíritu social de la Constitución.

En suma, lejos de festejar la puesta en vigor del T-MEC, los mexicanos, gobierno y sociedad debemos estar alertas para que los aspectos positivos, como la seguridad y el aliento al comercio y la inversión trilateral, prevalezcan sobre los negativos como los riesgos a la soberanía nacional, el colapso del campo, el estatus vejatorio de los trabajadores migratorios y las injerencias en la política laboral que sólo debe competer a los nacionales.

Cuidemos que no todo se reduzca a un libre tráfico de mercancías, un libre mercado sin rostro humano.

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