➡️ La infraestructura, ligada directamente a las operaciones de Petróleos Mexicanos, acumula años sin mantenimiento preventivo
➡️Pese a ello, ni Pemex, ni el Gobierno del Estado, ni el Ayuntamiento de José Azueta han ejecutado una intervención oportuna
Eugenio GONZÁLEZ | El Piñero
Cuenca del Papaloapan.- En Tesechoacán, el riesgo no es una conjetura; el denominado Puente de Petróleo cruza el río Tesechoacán sostenido apenas por dos tensores. La advertencia comunitaria es puntual y verificable. Lo que falla no es la información, falla la respuesta institucional.
La infraestructura, ligada directamente a las operaciones de Petróleos Mexicanos, acumula años sin mantenimiento preventivo. No hay obras de refuerzo, no hay inspecciones públicas, no hay señalización de riesgo ni plan de contingencia. En términos técnicos y administrativos, la omisión es sostenida.
Las consecuencias de un colapso están claras: riesgo inmediato para la vida de habitantes y usuarios; daños materiales e impactos ambientales sobre el cauce; afectaciones económicas por interrupción de traslados y actividades productivas en localidades colindantes. No es un escenario hipotético; es un riesgo operativo activo.
Pese a ello, ni Pemex, ni el Gobierno del Estado, ni el Ayuntamiento de José Azueta han ejecutado una intervención oportuna. La comunidad ha alertado. El deterioro es visible. La inacción persiste. En seguridad de infraestructura, no actuar a tiempo equivale a decidir por el peor resultado.
La exigencia es concreta y medible: inspección técnica especializada inmediata, con dictamen público; medidas de mitigación (apuntalamiento, restricción de carga o cierre preventivo) y programa de rehabilitación con plazos y responsables. Gobernar también es anticipar el fallo.
Si el puente colapsa, no será un accidente. Será la consecuencia directa de postergar lo evidente. Y esa decisión, a diferencia del desgaste estructural, sí tiene nombre y cargo.






