➡️Para Aurora, cada viaje implica dinero, tiempo, desgaste físico y emocional, además de la humillación de sentirse perdida en un sistema que, asegura, no escucha, no responde y no se hace responsable.
Eugenio GONZÁLEZ | El Piñero
Oaxaca, México.- Aurora Martínez llegó antes del amanecer al hospital del ISSSTE en Oaxaca capital. El reloj marcaba las 8:00 de la mañana cuando se sentó a esperar una respuesta que, por enésima vez, jamás llegaría. Venía desde Tuxtepec, arrastrando meses enteros repitiendo la misma ruta, aferrándose a la esperanza de que, esta vez, el trámite pendiente —un estudio de laboratorio atorado por un error administrativo— finalmente avanzaría.
Pero el día transcurrió. Le dijeron que sus estudios “no aparecen”, que sus citas no están, que las solicitudes médicas fueron capturadas de manera incorrecta. Las versiones cambiaban, las ventanillas también, pero el resultado era siempre el mismo: puertas que no se abren, información confusa y personal que, según relata, no sabe orientar al paciente ni ofrecer una salida.
Para Aurora, cada viaje implica dinero, tiempo, desgaste físico y emocional, además de la humillación de sentirse perdida en un sistema que, asegura, no escucha, no responde y no se hace responsable.
“Nadie sabe nada. No se puede preguntar. Y uno termina peor de como llegó”, lamenta.
El ISSSTE no ha emitido posicionamiento alguno, ni ha informado si revisará el expediente para aclarar inconsistencias, corregir fallas o, siquiera, verificar por qué un trámite simple puede convertirse en un viacrucis de meses.
Así, la historia de Aurora queda suspendida, un expediente que nadie asume, un trámite que no camina y una paciente que sigue viajando kilómetros para recibir, una y otra vez, el mismo vacío como respuesta.
Un reflejo, quizá, del laberinto burocrático que miles de derechohabientes recorren cada día en un sistema que se dice público, pero que tantas veces se comporta como si no tuviera dueños.






